Qué corrige una otoplastia
La oreja prominente es una variante anatómica frecuente. No es una enfermedad ni afecta a la audición, y a mucha gente no le causa ninguna incomodidad. Se opera cuando esa forma condiciona cómo alguien se relaciona con su propia imagen.
Orejas prominentes o de soplillo
Detrás de una oreja despegada suele haber dos causas anatómicas, que muchas veces coinciden. Una es que el pliegue del antihélix, el relieve interno de la oreja, no se ha formado del todo y el borde no se dobla hacia dentro. La otra es que la concha, la cavidad central, es demasiado grande y empuja toda la oreja hacia fuera.
Saber cuál de las dos predomina determina la técnica. Corregir solo el pliegue en una oreja cuyo problema es la concha deja un resultado incompleto, y es una causa frecuente de otoplastias previas que no han satisfecho al paciente.
Otras alteraciones de la forma
También se corrigen asimetrías entre los dos lados, lóbulos alargados o desgarrados por pendientes y algunas malformaciones del borde superior. Cada una tiene su abordaje y no todas se resuelven en el mismo acto.
A qué edad se puede operar
La oreja alcanza casi su tamaño definitivo hacia los seis o siete años, así que a partir de esa edad la cirugía es técnicamente posible. La edad no es el único criterio.
En un niño la indicación tiene sentido cuando es él quien dice que le molesta, y no cuando la preocupación es solo de los padres. Un menor que no percibe el problema y que además tiene que colaborar en un postoperatorio de varias semanas es una mala indicación. Esperar no compromete el resultado. Está desarrollado en otoplastia en niños.
En el adulto no hay límite de edad. El cartílago es algo menos flexible con los años, lo que puede cambiar la técnica, pero no impide la corrección.
Cómo se hace la intervención
Anestesia
En el adulto, anestesia local y sedación, de forma ambulatoria: se entra y se sale el mismo día. En niños pequeños suele preferirse la anestesia general, por la duración del procedimiento y porque hace falta que estén inmóviles.
Técnica
El acceso se hace por la cara posterior de la oreja, en el surco que la separa de la cabeza, donde la cicatriz no queda a la vista. Desde ahí se remodela el cartílago para crear o reforzar el pliegue del antihélix y, si la concha es grande, se reduce o se reposiciona para acercar la oreja a la cabeza.
El objetivo es devolver una proporción y unos relieves naturales, con los dos lados en equilibrio. Una oreja demasiado pegada, sin relieve o con el borde superior más pegado que el lóbulo llama tanto la atención como la original, y la simetría perfecta no existe en ninguna oreja sin operar.
Postoperatorio
Los primeros días se lleva un vendaje que envuelve la cabeza y protege la zona. Es molesto, y es el periodo en que el cartílago mantiene la posición nueva mientras cicatriza. Puede haber tirantez y más sensibilidad en la oreja.
Al retirar el vendaje se pasa a una banda elástica, primero de forma continua y después solo para dormir, durante varias semanas. Es la parte que más se descuida y la que más influye: dormir de lado sin protección las primeras semanas puede desplazar la corrección.
La vuelta al trabajo de oficina o al colegio suele ser cuestión de días. El deporte de contacto se retrasa varias semanas. La inflamación cede de forma progresiva y el aspecto final se aprecia cuando el tejido se ha estabilizado, más tarde que la retirada del vendaje.
Riesgos y limitaciones
Es una cirugía bien tolerada y tiene riesgos que conviene conocer antes de decidir: hematoma, infección del cartílago, alteración de la sensibilidad, cicatrices que engrosan, asimetrías residuales y recidiva parcial, es decir, que la oreja recupere en parte su posición previa. En algunos casos hace falta un retoque.
La cicatriz posterior, aunque no se vea, existe. En personas con tendencia a cicatrices queloides el riesgo es mayor y se valora de forma específica.
Cuándo es mejor no operarse
- Cuando el motivo de consulta viene del entorno y no de la persona que se opera.
- Cuando se espera que la cirugía resuelva una dificultad de relación que va más allá de la forma de la oreja.
- Cuando no hay disposición a cumplir el postoperatorio, del que depende el resultado.
- Cuando la prominencia es tan leve que el cambio no compensa el riesgo de una cirugía.
Preguntas frecuentes
¿La otoplastia deja cicatriz visible?
La incisión está en la cara posterior de la oreja, en el surco que la separa de la cabeza, y no queda a la vista. Con el tiempo suele ser poco perceptible, aunque la cicatrización varía en cada persona y las pieles con tendencia a queloides requieren una valoración específica.
¿A partir de qué edad se puede operar a un niño?
Hacia los seis o siete años la oreja tiene casi su tamaño definitivo, así que a partir de ahí es posible. Lo determinante es que el niño lo viva como un problema propio y pueda colaborar con el postoperatorio. Esperar no perjudica el resultado.
¿Es una operación dolorosa?
Durante la intervención hay anestesia. En los días siguientes lo habitual es sensación de presión y tirantez por el vendaje, que se controla con la analgesia pautada. Un dolor intenso no es esperable y hay que consultarlo.
¿Cuándo puedo volver al trabajo o al colegio?
A una actividad no física se suele volver en pocos días, una vez retirado el vendaje inicial. El deporte de contacto se retrasa varias semanas y la banda nocturna se mantiene más tiempo.
¿Pueden volver las orejas a su posición anterior?
Puede haber una recidiva parcial, sobre todo si no se usa la banda las semanas indicadas. En el postoperatorio el cartílago consolida la posición nueva, y cumplirlo reduce ese riesgo.
¿Se operan siempre las dos orejas?
No. Si solo una es prominente puede operarse ese lado, buscando el equilibrio con la otra. A veces se actúa un poco sobre la oreja no prominente para armonizar las dos. Se decide en la valoración, tras explorar ambos lados.