El brow lift, o elevación de cejas, es la cirugía que reposiciona la ceja y el tercio superior del rostro. Actúa sobre la frente y sobre la posición de la cola de la ceja, que es la parte externa, la que primero desciende con el paso de los años.
Cuando la ceja cae, empuja hacia abajo la piel del párpado superior. La mirada se lee cansada aunque la persona esté descansada, y el gesto tiende a corregirse de forma inconsciente levantando las cejas, lo que a su vez marca las arrugas horizontales de la frente.
La intervención busca devolver la ceja a una posición acorde con el resto de la cara. No persigue una altura concreta ni un modelo de mirada, sino la proporción que corresponde a cada rostro y a cada sexo, porque la posición natural de la ceja no es la misma en un hombre que en una mujer.
La indicación depende de dónde esté realmente el problema, y eso es lo que más confusión genera en la primera consulta.
Si al levantar la ceja con el dedo la mirada se abre y el párpado deja de verse cargado, el origen del descolgamiento está en la ceja. Ahí el brow lift es lo que corresponde.
Si la ceja está en buena posición y lo que sobra es piel del propio párpado, lo indicado es una blefaroplastia. Elevar una ceja que ya está bien colocada produce un aspecto de sorpresa permanente que es difícil de revertir.
Es el escenario más frecuente a partir de cierta edad. La ceja ha descendido y además hay exceso de piel en el párpado. En esos casos los dos procedimientos se plantean juntos y el orden importa: se valora primero la posición de la ceja y después cuánta piel de párpado sobra realmente, porque al elevar la ceja parte de ese exceso se corrige solo.
Se realiza a través de varias incisiones pequeñas situadas por detrás de la línea del pelo, con una óptica que permite trabajar bajo visión directa. Libera los tejidos de la frente y los fija en la posición deseada. Al quedar las incisiones ocultas en el cuero cabelludo, no deja cicatriz visible en la frente.
Actúa solo sobre la cola de la ceja, a través de una incisión situada en la zona temporal, también dentro del pelo. Es una intervención más limitada, indicada cuando el descenso es sobre todo externo y la parte interna de la ceja está en su sitio. Se combina con frecuencia con la cirugía de párpados.
Se reserva para casos concretos, sobre todo en hombres con entradas marcadas o con parálisis facial, en los que las vías anteriores no son viables. La incisión se sitúa justo encima de la ceja y deja una cicatriz que se disimula con el propio pelo de la ceja, por lo que la indicación se valora con cuidado.
Qué técnica corresponde en cada caso no se decide por la edad ni por la preferencia del paciente, sino por la altura de la línea del pelo, el grosor de la piel de la frente, el grado de descenso y si hay que tratar además la musculatura del entrecejo.
La inflamación de la frente y de los párpados es esperable durante los primeros días y puede extenderse a la zona de alrededor de los ojos. Se aconseja mantener la cabeza elevada y aplicar frío según la pauta que se indique.
La sensibilidad del cuero cabelludo suele quedar alterada durante semanas o meses, con sensación de acorchamiento en la zona de las incisiones, y se recupera de forma progresiva. El esfuerzo físico y la exposición solar se limitan durante el periodo que marque el cirujano.
La posición definitiva de la ceja se aprecia cuando la inflamación ha bajado por completo, en un plazo que varía de una persona a otra.
Se explican en consulta antes de decidir: asimetría entre ambas cejas, alteración de la sensibilidad del cuero cabelludo, caída de pelo alrededor de las incisiones, elevación insuficiente o excesiva y afectación de la rama frontal del nervio facial, que interviene en el movimiento de la ceja. La frecuencia de cada uno depende del caso y de la técnica.
Hay una comprobación sencilla que orienta: colóquese frente al espejo y eleve la ceja con el dedo. Si la mirada se abre y el párpado deja de verse cargado, el problema está en la ceja. Si el párpado sigue igual, lo que sobra es piel del párpado. Es una orientación, no un diagnóstico: la valoración en consulta es la que decide.
En las vías endoscópica y temporal las incisiones van por detrás de la línea del pelo y quedan ocultas por el propio cabello. En el abordaje directo la cicatriz se sitúa sobre la ceja, y por eso solo se plantea en casos seleccionados. La evolución de la cicatriz depende de la piel de cada persona.
La toxina puede elevar ligeramente la cola de la ceja al relajar los músculos que tiran de ella hacia abajo. El efecto es limitado y temporal, y no reposiciona los tejidos. Cuando el descenso es leve puede ser suficiente durante un tiempo. Cuando es estructural, no.
Se puede plantear con anestesia general o con sedación y anestesia local, según la técnica, la extensión y la valoración del anestesista. Cuando se combina con otras intervenciones faciales, condiciona la decisión el conjunto del acto quirúrgico.
La cirugía reposiciona los tejidos, pero no detiene el envejecimiento posterior. Los tejidos siguen descendiendo con los años, a un ritmo que depende de la genética, de la calidad de la piel y de los hábitos de cada persona.
Sí. El brow lift trata el tercio superior y el lifting cervicofacial el tercio medio e inferior y el cuello, de modo que son procedimientos complementarios. Combinarlos se valora en función del caso y de la recuperación conjunta.
La visita médica, presencial o telemática, es imprescindible antes de establecer cualquier tratamiento, sea quirúrgico o no: para un mismo diagnóstico existen varias opciones terapéuticas. Dr. Mauricio Verbauvede, colegiado nº 281509742 por el Colegio de Médicos de Madrid.