Un concepto novedoso desarrollado por el Dr. Mauricio Verbauvede
El rejuvenecimiento facial agrupa los tratamientos y las cirugías que corrigen los cambios del envejecimiento en la cara: descenso de los tejidos, pérdida de volumen, deterioro de la piel y reabsorción del hueso. No existe un procedimiento único, el plan depende de qué plano esté más afectado en cada persona.
La estructura facial, como toda estructura corporal presenta distintos planos anatómicos y ninguno de ellos de menos importancia a la hora de manifestar un cambio, tanto en el envejecimiento como en el tratamiento para el rejuvenecimiento.
Principalmente la cara cuenta con:
Cada uno de ellos merece la máxima importancia para lograr un rejuvenecimiento de rostro de forma íntegra y natural. Importa mucho el diagnóstico, saber cuál o cuáles estructuras están afectadas para lograr actuar de forma precisa.

Todos los seres humanos tanto hombres como mujeres sufrimos un proceso de reabsorción ósea como es la osteoporosis. Actualmente con la novedosa técnica desarrollada por Doctor Mauricio Verbauvede – rejuvenecimiento facial 3D con injerto de hueso sintético 100% biocompatible, podemos reponer sus volúmenes de forma armónica y natural.

Si el diagnóstico concluye una flacidez del sistema musculoaponeurótico, el tratamiento es orientado a distintas perspectivas.
Cuando es la flacidez es leve, estimulando la musculatura a través de electrodos, como se trabaja en un gimnasio, podemos trabajar la musculatura a nivel facial.
En un grado de flacidez más avanzada podemos optar por los hilos
en un grado severo de flacidez la indicación correcta es un lifting facial.

Cuando el diagnóstico es un déficit de tejido graso, una de las opciones es un lipofiling (injerto de grasa propia), si no contamos con grasa, podemos estimular la formación del tejido fibroadiposo a través de fillers (surcos nasogenianos, pomulos, mentón, mejillas).

Si el diagnóstico es la deshidratación de la piel, se soluciona fácilmente con mesoterapia de Ácido Hialurónico o PRP (plasma rico en plaquetas o multivitamínicos).
En pieles con déficit en colágeno estas se estimulan con silicio orgánico.
Para pieles con arrugas que ya han formado fibrosis, la única opción es remodelar su colágeno a través de los procedimientos como láser CO2 fraccionado o peelings medios o profundos.
Envejecer no es solo que aparezcan arrugas. La cara cambia en cuatro planos distintos y cada uno de ellos exige una respuesta diferente. Confundirlos es el motivo más habitual de que un tratamiento no dé el resultado esperado: se trata la piel cuando el problema es de sostén, o se rellena volumen cuando lo que ocurre es que los tejidos han descendido.
Pierde elasticidad y grosor, y acumula el daño solar de décadas. Aparecen arrugas finas, cambios de textura y manchas. Este plano responde a tratamientos de superficie y a la protección solar sostenida, no a la cirugía: un lifting tensa el sostén, pero no mejora la calidad de la piel que lo cubre.
La grasa facial no es una masa uniforme, se organiza en compartimentos. Con los años unos se reabsorben y otros descienden. El resultado es una cara que parece vaciada en la parte alta y más pesada en la baja. Aquí el problema es de distribución, no de cantidad total.
Bajo la grasa está el SMAS, la capa que da soporte al tercio medio e inferior del rostro. Cuando se relaja, el surco nasogeniano se marca, aparece el descolgamiento mandibular y el ángulo del cuello se pierde. Es el plano que solo la cirugía puede reposicionar, y el motivo por el que ningún tratamiento de superficie sustituye a un lifting facial cuando la flacidez está establecida.
Es el plano que más se ignora. El esqueleto facial se reabsorbe con la edad, sobre todo en el reborde orbitario, el maxilar y la mandíbula. Al perder base ósea, todo lo que se apoya encima se desplaza. Un rostro puede tener buena piel y volumen suficiente y aun así parecer envejecido porque su estructura ha cedido.
La pregunta correcta no es cuál de los dos es mejor, sino cuál corresponde a lo que le ocurre a esa cara en concreto.
Cuando el cambio principal es de calidad de piel o de pérdida de volumen, y el sostén todavía funciona. En esas situaciones un abordaje sin cirugía, como la bioosteoplastia facial, permite restituir soporte sin pasar por quirófano ni por un periodo de baja. Es el escenario típico de quien nota que su cara ha perdido definición pero no observa descolgamiento.
Cuando los tejidos han descendido. Un plano que ha caído hay que devolverlo a su sitio, y eso no se consigue añadiendo volumen desde fuera. Insistir con rellenos sobre una flacidez establecida produce un rostro más pesado y más ancho, no más joven. Es una de las situaciones en las que conviene decir que un tratamiento no quirúrgico no va a resolver el motivo de consulta, aunque sea el que el paciente prefiera.
Rejuvenecimiento facial es un término paraguas. Lo que se hace en la práctica es una combinación seleccionada de estos procedimientos:
Rara vez está indicado hacerlos todos. Lo habitual es que dos o tres de ellos expliquen la mayor parte del cambio que la persona busca, y que el resto no aporte lo suficiente como para justificar el riesgo añadido.
El punto de partida no es un catálogo de tratamientos, sino qué es exactamente lo que la persona ve cuando se mira. Dos pacientes con el mismo grado de envejecimiento pueden describir motivos de consulta completamente distintos, y el plan debe responder a lo que a cada uno le pesa.
A partir de ahí se examina cada plano por separado, con fotografía estandarizada y exploración. Se valora también el estado general de salud, el hábito tabáquico, que condiciona la cicatrización de forma importante, y la disponibilidad real de tiempo de recuperación. Una cirugía correcta en un momento vital equivocado es una mala indicación.
El resultado de esa valoración puede perfectamente ser que todavía no es el momento de operar. Anticipar una cirugía de sostén cuando la flacidez aún es leve consume una intervención sin obtener un cambio proporcional.
Depende por completo de qué se haya hecho. Los procedimientos sin cirugía permiten volver a la actividad casi de inmediato, con inflamación variable durante unos días. La cirugía de sostén requiere un periodo de reposo relativo, con inflamación y hematomas que evolucionan durante las primeras semanas, y una reincorporación social progresiva.
En todos los casos, el resultado definitivo tarda meses en asentarse. Las cicatrices maduran a lo largo de un año y su aspecto durante los primeros meses no es el que tendrán después. Juzgar el resultado demasiado pronto genera una angustia innecesaria en un momento en el que todavía no hay nada que juzgar.
Toda cirugía facial comparte unos riesgos que hay que conocer antes de decidir: hematoma, infección, alteraciones de la sensibilidad, cicatrización desfavorable, asimetrías y, en el caso de la cirugía de sostén, la posibilidad poco frecuente de afectación de ramas nerviosas faciales.
Hay situaciones en las que directamente no se opera: enfermedad no controlada, tabaquismo activo que no se está dispuesto a interrumpir, tratamientos anticoagulantes sin margen de ajuste o expectativas que no se corresponden con lo que la cirugía puede hacer. Reconocer estas situaciones y no intervenir forma parte del criterio médico tanto como la técnica quirúrgica.
No hay una edad. Lo que determina la indicación es el grado de cambio de cada plano, y eso varía mucho entre personas de la misma edad. Hay quien a los cincuenta no tiene indicación quirúrgica y quien a los cuarenta y cinco sí. La exploración manda sobre el número.
No debería. Un resultado correcto hace que la cara parezca descansada, no distinta. El aspecto artificial suele venir de tensar la piel sin reposicionar el plano profundo, o de añadir volumen donde el problema era de sostén. La técnica y la indicación correcta pesan más que la cantidad de cirugía.
La cirugía de sostén devuelve los tejidos a una posición previa, y a partir de ahí el envejecimiento continúa desde ese nuevo punto de partida. No es un resultado que se agote de golpe, sino que evoluciona. Los tratamientos sin cirugía tienen una duración menor y requieren mantenimiento.
Sí, y con frecuencia es lo razonable: una sola anestesia y un solo postoperatorio en lugar de dos. El límite lo pone la duración total del quirófano y el estado de salud del paciente. La combinación se decide en la valoración, no como suma automática de todo lo disponible.
No directamente. Esos cambios pertenecen a la calidad de la piel, y la cirugía actúa sobre el sostén y los volúmenes. Se abordan con tratamientos de superficie y con fotoprotección constante. Es importante saberlo antes, porque una persona que opera esperando mejorar su piel quedará insatisfecha.
Es una opción legítima y a menudo la correcta. Existen abordajes sin cirugía que mejoran el soporte y el aspecto general, con la limitación de que no reposicionan tejidos descendidos. Conocer ese límite permite decidir con criterio, y en la valoración se explica dónde está en cada caso.