Hay una conversación que en cirugía facial se tiene poco y debería tenerse siempre: la de por qué en este caso, hoy, la respuesta es no.
No se trata de qué no corrige un lifting, que es otra cosa y está desarrollada en qué es un lifting facial y qué corrige de verdad. Se trata de las situaciones en las que la cirugía está técnicamente indicada y aun así no procede, o no todavía.
Cuando el motivo no es el rostro
Es la primera que se valora y la que menos se nombra. Una cirugía facial cambia una cara, no cambia una circunstancia.
Cuando la petición llega en medio de una separación, de un duelo o de una crisis laboral, conviene preguntarse qué se espera que resuelva. El riesgo no es el resultado quirúrgico, que puede ser correcto: el riesgo es la decepción posterior, porque el problema seguirá donde estaba y encima habrá un postoperatorio de por medio.
La recomendación habitual en esos casos es esperar. La indicación seguirá ahí dentro de seis meses, y la decisión se tomará en mejores condiciones.
Cuando la expectativa no encaja con lo que la cirugía hace
Algunas frases que aparecen en consulta y que obligan a parar:
- «Quiero parecerme a esta foto». Una cara no se reproduce sobre otro soporte óseo, otra piel y otra anatomía.
- «Quiero que no se me note nada». Toda cirugía deja cicatrices y una recuperación visible durante semanas.
- «Quiero volver a como estaba a los treinta». Un lifting reposiciona tejidos, no revierte el envejecimiento de la piel, del hueso ni de la grasa.
- «Me lo hago para que él o ella lo vea». La indicación tiene que ser propia.
Cuando la expectativa es fija y no se mueve después de explicar los límites, operar acaba casi siempre en un paciente insatisfecho con un resultado técnicamente correcto.
Cuando hay un trastorno de la imagen corporal
El trastorno dismórfico corporal es una condición psiquiátrica en la que la preocupación por un defecto mínimo o inexistente ocupa la vida de la persona. Es más frecuente en consultas de cirugía estética que en la población general.
Las señales que hacen sospechar son conocidas: preocupación desproporcionada por un detalle que el interlocutor no llega a ver, muchas horas al día pensando en ello, varias consultas previas con distintos cirujanos y, con frecuencia, cirugías anteriores de las que nunca se quedó satisfecho.
Operar en ese contexto no mejora el cuadro y con frecuencia lo desplaza a otra zona del cuerpo. Lo que corresponde es derivar y no intervenir, aunque la persona insista.
Cuando el estado de salud lo desaconseja
Situaciones que obligan a posponer o a descartar, y que se valoran con el anestesista y con el médico que trate cada caso:
- Tensión arterial mal controlada. Es el factor que más se relaciona con el hematoma postoperatorio, que es la complicación más frecuente en esta cirugía.
- Anticoagulación o antiagregación que no se pueda suspender con seguridad.
- Enfermedad cardiaca, respiratoria o metabólica descompensada.
- Trastornos de la coagulación, conocidos o sugeridos por antecedentes.
- Infección activa en la zona o general.
El estudio preoperatorio existe precisamente para que estas cosas aparezcan antes y no el día de la cirugía.
Cuando se fuma
Merece un apartado propio porque es la causa evitable más importante de complicación en un lifting.
La nicotina produce vasoconstricción y reduce el riego de los colgajos de piel que se levantan en la intervención. El resultado puede ser un retraso en la cicatrización, la apertura de la herida o, en los casos serios, la necrosis de piel, que deja una cicatriz muy distinta de la prevista y a veces exige una reintervención.
Por eso se pide dejar de fumar semanas antes y mantenerlo semanas después, en el plazo que indique el cirujano. Quien no está dispuesto a hacerlo está aceptando un riesgo que no se le puede compensar con técnica.
Cuando el peso no está estable
Una pérdida de peso importante después de la cirugía cambia el volumen de la cara y hace que los tejidos vuelvan a sobrar. Un aumento hace lo propio en el otro sentido.
Lo razonable es operar sobre un peso estabilizado, y si hay un proceso de pérdida en marcha, terminarlo antes. Lo mismo aplica a los tratamientos médicos que producen cambios rápidos de peso.
Cuando lo que falla es otra cosa
Hay casos en los que la cirugía sí está indicada pero no es lo primero, y hacerla en el orden equivocado desperdicia parte del resultado:
- Cuando el problema dominante es la calidad de la piel, con manchas y daño solar. El lifting reposiciona, no mejora la piel.
- Cuando lo que ha cedido es sobre todo el tercio superior. Ahí lo indicado es valorar el brow lift y los párpados.
- Cuando falta soporte óseo y lo que se percibe como descolgamiento es pérdida de estructura.
- Cuando la flacidez es incipiente y lo que corresponde es esperar, no adelantar una cirugía que habrá que repetir. Ese punto está en a qué edad hacerse un lifting facial.
Cuando no se puede asumir la recuperación
Suena menor y no lo es. Un lifting exige reposo relativo, revisiones, limitación del esfuerzo físico y varias semanas con la cara visiblemente inflamada.
Quien no pueda apartarse de su actividad, no tenga acompañamiento los primeros días o tenga un acontecimiento importante en las semanas siguientes, hace bien en posponerlo. Operar contra el calendario es una fuente clásica de disgustos, porque los plazos de la inflamación no se negocian.
Por qué un no es una buena señal
Un cirujano que nunca desaconseja no está seleccionando. Y en cirugía facial la selección del caso pesa tanto como la técnica: buena parte de los resultados que se ven mal no vienen de una mano peor, vienen de una indicación que no debió hacerse.
Si en una consulta le dicen que sí a todo, sin condiciones, sin preguntarle por qué lo quiere ahora y sin explicarle qué no va a cambiar, esa es la información más útil que se lleva de esa visita.
Preguntas frecuentes
¿Me pueden rechazar para un lifting facial?
Sí, y es parte del trabajo. Hay contraindicaciones médicas, situaciones en las que conviene esperar y casos en los que la expectativa no encaja con lo que la cirugía puede hacer. Un no razonado es un resultado legítimo de una consulta.
¿Tengo que dejar de fumar de verdad?
Sí. La nicotina reduce el riego de los colgajos de piel que se levantan en la intervención y se relaciona con retraso en la cicatrización, apertura de la herida y necrosis cutánea. No es una recomendación de estilo de vida, es una condición de seguridad de esta cirugía concreta.
¿Puedo operarme si tomo anticoagulantes?
Depende de por qué los toma y de si se pueden suspender con seguridad, lo que decide el médico que se los pauta junto con el anestesista. No es una contraindicación automática, pero sí una que hay que resolver antes y nunca por cuenta propia.
¿Qué pasa si adelgazo después de operarme?
Una pérdida de peso importante cambia el volumen facial y puede hacer que los tejidos vuelvan a sobrar, de modo que parte del resultado se pierde. Por eso se recomienda operar con el peso estabilizado y terminar antes cualquier proceso de pérdida en marcha.
¿Y si me dicen que sí en otra clínica?
Puede ser que valoren el caso de otra manera, que es legítimo, y puede ser que no lo estén valorando. La pregunta que aclara bastante es por qué creen que su caso encaja y qué esperan que no cambie con la cirugía. Una respuesta concreta a las dos cosas es buena señal.
¿Cuánto tengo que esperar si ahora no es el momento?
Depende del motivo. Una tensión mal controlada se resuelve en semanas o meses; un peso que se está perdiendo, cuando se estabilice; una situación personal, el tiempo que haga falta. Esperar no cierra ninguna puerta, porque la indicación no caduca.
La visita médica, presencial o telemática, es imprescindible antes de establecer cualquier tratamiento, sea quirúrgico o no: para un mismo diagnóstico existen varias opciones terapéuticas. Dr. Mauricio Verbauvede, colegiado nº 281509742 por el Colegio de Médicos de Madrid.